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La descarbonización transformará radicalmente las cadenas de suministro globales



La transición hacia una economía con bajas emisiones de carbono está causando un profundo impacto en todos los sectores, y las cadenas de suministro de materiales no son una excepción. Un reciente informe de McKinsey titulado "Hacia Materiales Netos Cero: Implicaciones para las Cadenas de Suministro" brinda una visión completa de estos cambios en las cadenas de suministro, abordando aspectos como la creciente demanda de materiales, la previsible escasez y las acciones cruciales requeridas para equilibrar la ecuación y garantizar que la transición avance a un ritmo adecuado.


Es esencial recordar que la descarbonización de la economía implica reducir drásticamente las emisiones de carbono y otros gases de efecto invernadero generados por las actividades humanas. El objetivo principal de esta descarbonización es combatir el cambio climático y limitar el calentamiento global al disminuir la dependencia de fuentes de energía y tecnologías que emiten grandes cantidades de dióxido de carbono (CO2) y otros gases de efecto invernadero.


Los expertos de McKinsey destacan que los materiales, como minerales y metales, desempeñan un papel fundamental en la transición hacia emisiones netas cero. En el proceso de descarbonización hacia una economía libre de emisiones, que está avanzando a un ritmo sin precedentes, las tecnologías de vanguardia a menudo requieren una mayor cantidad de materiales físicos durante la fase de construcción en comparación con las tecnologías convencionales. Por ejemplo, los vehículos eléctricos con batería (BEV) suelen ser entre un 15% y un 20% más pesados que los vehículos de combustión interna (ICE), lo que generará una demanda significativa de materiales en las próximas décadas.

El informe advierte que es probable que veamos una concentración significativa de suministro de minerales y metales en varios países, como China (elementos de "tierras raras"), la República Democrática del Congo (cobalto) e Indonesia (níquel). Esto, combinado con un enfoque normativo cada vez más regional, como se observa en la Ley de Reducción de la Dependencia Extranjera de Estados Unidos y el Plan Industrial Green Deal de la Unión Europea, podría afectar el acceso regional a los materiales incluso cuando el mercado global esté en equilibrio.


La principal preocupación para las empresas es cómo mantenerse al día con estos rápidos cambios. En este sentido, los investigadores de McKinsey sugieren que se deben tomar medidas coordinadas en términos de oferta, demanda, innovación y política para equilibrar la ecuación y garantizar que la transición se desarrolle a la velocidad necesaria.

En cuanto a la oferta, el informe destaca la importancia de expandir de manera oportuna los proyectos anunciados, lo que requerirá que la industria minera crezca a tasas superiores a las históricas para muchos materiales. También se necesita aumentar la exploración para garantizar un suministro ampliado más allá de 2030.

Según el estudio, las inversiones en minería, refinación y fundición deberán aumentar sustancialmente, alcanzando aproximadamente entre 3 y 4 billones de dólares para 2030 (alrededor de 300.000 a 400.000 millones al año). Además, se requerirá un aumento en la fuerza laboral, con entre 300.000 y 600.000 profesionales especializados en minería, y se deberán desplegar entre 200 y 500 GW adicionales de energía para 2030, lo que equivale aproximadamente al 5% al 10% de la capacidad estimada de energía solar y eólica para ese año.


En cuanto a la demanda, el informe señala que las industrias transformadoras deben cambiar sus patrones de consumo hacia tecnologías probadas que requieran menos materiales o que utilicen materiales menos limitados en oferta. Además, las políticas pueden desempeñar un papel crucial al facilitar la expansión de la oferta y alentar la adopción de tecnologías alternativas.


En resumen, el mundo se encuentra en una transición acelerada hacia tecnologías climáticas, pero existe el riesgo de que el suministro de materiales no se expanda al ritmo necesario. Como concluye el estudio, la energía y los materiales están intrínsecamente conectados, y para cumplir con los objetivos de emisiones netas cero, el mundo debe pasar por una transición de materiales a la par con la transición energética.


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